Arts, educació i vida urbana

Blue Blue Elefante

Las voces de una escuela

Edita Blue Blue Elefante

Minas - Uruguay 2015

Blue Blue Elefante és el relat d'una escola des del punt de vista del visitant que queda captivat per la magnitud del projecte. El centre es un eix vital per a tots els seus usuaris i va ser projectat com un lloc on l’aprenentatge es mantingués el més a prop possible de la felicitat.

Videos de l'escola:                                   

INTRODUCCIÓN

Soplaba un fuerte viento sobre el Río de la Plata cuando llegué a Montevideo. Las olas confundían el curso de las aguas con la espesa cortina de lluvia que caía sobre ellas. Los transeúntes se esforzaban por mantener sus paraguas en la inclinación más adecuada, pero el otoño parecía despedir al verano sin demasiadas contemplaciones. Empezaba el mes de abril de 2011.

Yo había viajado a Uruguay por invitación de la Cátedra UNESCO de la Universidad de Girona para participar en un seminario organizado conjuntamente con el Centro Latinoamericano de Economía Humana.

Fue en el marco de este encuentro donde Elizabeth Mazzuchi, una profesora de química a la que no conocía personalmente pero con la que hacía tiempo que mantenía correspondencia sobre temas de interés educativo, me propuso visitar un colegio que acababa de abrir sus puertas a pocos kilómetros de la ciudad de Minas. Tanto me sorprendieron el nombre de la escuela —Blue Blue Elefante— y la descripción que me hizo de ella que decidí aceptar.

Lo que vi, lo que me contaron las docentes y los comentarios de las niñas y niños con quienes compartí el almuerzo, todo me pareció como extraído de un sueño. Fue así hasta tal punto que, al volver por la noche a Montevideo, tenía la impresión de haberme sumergido en una página de esas novelas que nos brindaron los grandes escritores latinoamericanos y que los críticos literarios calificaron con tanto acierto de «realismo mágico».

A mi regreso a Barcelona, me resultaba imposible explicar cómo, cuándo y por qué había aparecido justo ahí esa escuela. Sin embargo no dudaba de la energía contenida en ella ni del bienestar que transmitía. Se trataba de una sensación muy difícil de definir pero fácil de reconocer incluso meses después de finalizado el viaje.

Tal vez fuera la curiosidad, o el deseo de mantener la conexión con este nuevo motor educativo, pero el caso es que continué en contacto con el equipo directivo del colegio. Durante los siguientes dos años intercambiamos textos, ideas, comentarios, nos recomendamos películas, programas formativos y seguí con interés algunos aspectos de la vida de Uruguay, un país que cada vez me parecía más próximo.

En ese ir y venir propio de la comunicación surgió la idea de reunir en un libro estas impresiones que yo, como visitante ocasional de Blue Blue Elefante, había ido almacenando. Después de tantos años dedicados a intentar entender en qué consiste la educación, me gustó la propuesta de acercarme a este nuevo proyecto como si se tratara de escribir la crónica de un viaje a un territorio a la vez conocido y por conocer.

En ningún caso me propuse relatar la historia de la institución ni justificar su proyecto educativo, sino que me dejé tentar por la sugerencia de crear un libro que acompañara la estancia de los escolares y sus familias en el colegio y ofreciera a las maestras algunas observaciones sobre la vida escolar que, inmersas como están en la cotidianeidad, con frecuencia pasan desapercibidas para sus verdaderos protagonistas.

Recuerdo que pensé con toda claridad que quizá resultaría imposible redactar un texto que pudiera satisfacer tantas expectativas a la vez. Pero tengo que reconocer que fue precisamente ese reto el que me empujó a intentarlo. Tenía que conseguir la complejidad suficiente para que admitiera muchas lecturas diferentes sin necesidad de priorizar ninguna de ellas. Quería que cada lector y cada lectora pudiera encontrar su página o su capítulo preferido y que invitara a los estudiantes de la escuela a descubrir nuevas posibilidades a medida que fueran creciendo.

Empecé decidiendo que el libro tendría el aire, incluso la forma, de uno de esos cuadernos de notas que se tornan tan entrañables durante los viajes, cuando se registra en ellos todo aquello que, por alguna razón, resulta sorprendente o del todo nuevo.

Me proponía escribir desde mi condición de extranjera, así que observar fue mi primer empeño. Desde el primer momento, la escuela me brindó todas las facilidades para asistir a las sesiones de clase, a las reuniones de profesores, a los talleres con familias… y pronto empecé a disponer de un conjunto de transcripciones que me dejaban sentir con facilidad el pulso del colegio. Seleccioné algunas y construí con ellas el capítulo titulado «Crecer en Blue Blue Elefante».

Sin embargo, la vida de las aulas me llenaba de preguntas que sólo podían encontrar respuesta en conversaciones directas con las verdaderas artífices del proyecto. Comencé hablando con Liz y Sylvia, el núcleo impulsor inicial.

Liz me contó cómo y por qué había surgido en ella el deseo de crear una escuela que honrase la memoria de su madre y ofreciera una educación que primara la libertad, la riqueza que aportan las diferencias entre las personas, el conocimiento y el respeto por la naturaleza. Éstos eran para ella algunos de los elementos necesarios en la búsqueda personal de la felicidad, un objetivo que debía presidir la vida de ese centro desde el principio.

Supe entonces de su tenacidad para dar con la ubicación y el equipo que pudiera hacer realidad su sueño de poner en marcha una iniciativa privada que nacía con una clara vocación pública. Entendí que fuera precisamente esta voluntad la que la llevara a dotar a la escuela de un amplio programa de becas y a ofrecer su aportación al sistema educativo uruguayo con la esperanza de que se sumara activamente al proyecto.

Por su parte, Sylvia Mazzuchi, la arquitecta que dio forma y color a las sabias intuiciones de Liz, me condujo luego a través de los entresijos del diseño y la edificación del colegio.

En sintonía con esa idea de construir un lugar donde aprender fuera parte del placer de vivir, pregunté a Fernanda Ferreiro, la directora del colegio, por su forma de inventar y coordinar la vida diaria de Blue Blue Elefante desde que abrió sus puertas en el año 2011 e indagué también las convicciones que subyacen en el proyecto educativo que fue trazando el profesorado bajo la batuta de Elizabeth Mazzuchi, en su función de coordinadora pedagógica.

Después contrasté mis impresiones con los equipos docentes de la escuela y del liceo y así fue como se incorporaron al libro las múltiples conversaciones que permiten seguir el desarrollo del proyecto desde sus orígenes.

En consonancia con ellas, incluí el primer documento en el que las maestras pusieron en común sus ideas para dar un impulso definitivo al trabajo iniciado. Lo titularon «Fundamento teórico».

Finalmente decidí contemplar la vida de Blue Blue Elefante desde los conceptos que hoy, después de más de treinta años dedicados a la educación, me resultan la razón de ser, el corazón mismo, de la transmisión educativa. Así surgieron los capítulos sobre el singular y el plural, sobre el masculino y el femenino, o las consideraciones sobre el ser y el estar.

A lo largo del proceso de escritura de estos capítulos, sin saber exactamente cómo ni por qué, algunas palabras, algunas expresiones utilizadas en el texto, fueron adquiriendo para mí una luz propia y empezaron a generar pequeñas historias como las que quedan sueltas en las páginas de un cuaderno de viajes, cuando algún momento del día resulta peculiar. Así nacieron «La falsa luna», «El lento rumiar de las vacas», «Reflejo», «Venir de lejos» y todas las demás. Las llamé «lupas» y decidí incorporarlas y ofrecérselas a los chicos y chicas de la escuela del mismo modo que ellos me regalaban a mí sus dibujos. Curiosamente, han acabado compartiendo las mismas páginas hacia el final del libro.

Por supuesto, quería ilustrar con claridad esa combinación armónica que Blue Blue Elefante consigue entre la naturaleza y los edificios construidos. Muy pronto esta iniciativa se fue desdoblando en dos: por un lado, la fotografía que acompañaría al texto; por otro, un registro audiovisual de la vitalidad de la escuela que a veces me parecía estar esperando ser filmada. De este modo se añadió al proyecto de escritura una propuesta videográfica que quise poner en manos de un equipo de jóvenes documentalistas para ofrecer una visión de la vida del colegio distinta a la mía. Así fue como se sumaron a esta aventura María Alcázar, Neus Ballús y Paula Kleiman.

También ellas, como yo, sucumbieron a los encantos de Blue Blue Elefante y muy pronto empezaron a proponer actividades concretas que permitieran hacer de la filmación un proyecto creativo compartido con docentes y estudiantes. Sus películas se incorporaron de inmediato a la página web de la escuela: www.blueblueelefante.edu.uy

Incorporar esta nueva dimensión documental me llevó a pensar que la fotografía del libro podía ofrecer imágenes más abstractas. El recinto escolar permitía hasta tal punto deleitarse en capturar detalles que era fácil imaginar a las niñas y niños jugando a identificarlos luego con el libro en la mano. Una mirada atenta sobre las imágenes podía pues acompañar a la lectura.

Invité entonces a John Christie a unirse al proyecto. Habíamos trabajado juntos con anterioridad y sabía de su buen hacer como cineasta y fotógrafo, pero también le elegí por tener mi misma edad. Quería que complementara las imágenes del equipo audiovisual con fotografías más cercanas a ese viaje que me proponía iniciar hacia una nueva semilla educativa y sospechaba que para esa actividad la experiencia vital adquirida se convertiría en un gran aliado. Anhelaba mantener viva en las páginas del libro la sensación de realismo mágico que había experimentado en mi primera visita a Blue Blue Elefante. Con su participación, la luz y el color inundaron el texto.

Finalmente, el diseñador Salvador Saura y el equipo de Edicions de l'Eixample afrontaron el reto de hacer de este cuaderno de notas un único libro en el que cupieran textos muy diversos, voces de registros muy diferentes, dibujos de niños, fotografías panorámicas y de detalle, historias breves e independientes entre sí…

Fue también el equipo de diseño el que acabó incluyendo ese borde azul en cada una de las páginas, que a mí me evoca una línea imaginaria que sobrevuela el océano y une mi mesa de trabajo en Barcelona con la pradera uruguaya que un día dió la bienvenida a un joven elefante como mascota y dejó a un lado las vacas y los caballos para albergar una escuela que busca descubrir en su quehacer diario el extraordinario placer de aprender.

Eulàlia Bosch